
En países como Suiza la Reforma religiosa de hace siglos tiene su historia y hay muchos sitios e iglesias que la recuerdan pues por aquí anduvieron algunos de los protagonistas de este cismo en la religión cristiana. Os hemos hablado del Muro de los Reformadores, pero también en Ginebra nos encontramos con un sitio llamado el Auditorio de Calvino.
Se trata del lugar donde Juan Calvino fundó la academia cristiana en 1559 y donde el reformar protestante John Knox predicó entre 1556 y 1559. El Auditorio es en realidad una pequeña y sencilla capilla construida en el siglo XIII con estilo gótico pero alrededor de una iglesia todavía mas antigua, del siglo V.
Después de la reforma protestante en Suiza esta capilla originariamente católica se convirtió en una sala de lectura protestante donde el escocés Knox solía predicar y donde también Calvino adoctrinaba a sus misioneros. Aquí él solía recibir a los refugiados del resto de Europa y les hacía prestar servicios en la capilla en sus idiomas natales, fueran estos el francés, alemán, italiano, holandés o español.

Fácilmente uno podría coger un mapa de Suiza y trazar una ruta de iglesias y monasterios que atraviese ciudades y pueblos. Suiza es un país donde las iglesias abundan y como no han sufrido guerras ni bombardeos muchas se han conservado de maravillas.
Precisamente en la zona de la frontera de los cantones de Lucerna, Berna, Solothurn y Aargau se encuentra un monasterio que en el curso de su historia ha sido un importante y activo centro religioso, espiritual y económico. Se trata del Monasterio de St. Urban, un sitio que comenzó su actividad pastoral alrededor del año 1280 con la adquisición del santuario de Freibach. Para comienzos del siglo XVI, la abadía cisterciense tenía ya derecho de patronazgo sobre diez iglesias parroquiales y algunas capillas.
Estas capillas estaban en general atentidas por el clero secular pero en las iglesias mas cercanas a la abadía eran los propios monjes quienes atendían a los fieles. Saint Urban fue así una abadía muy importante de la orden Cisterciana con su costumbre de peregrinación y sociedades piadosas marcadas por una gran actividad pastoral.

Suiza también es una tierra de festivales donde la música folclórica y las vestimentas tradicionales tienen su lugar. Por ejemplo, en Interlaken, hay un festival que tiene lugar cerca de las ruinas del castillo Unspunnen en los alpes berneses aproximadamente cada diez años.
El festival se llama Unspunnenfest y se preocupa por exhibir la cultura tradicional suiza combinando con algunos entretenimientos populares que también forma parte de ella como por ejemplo el yodeling, esos típicos cantos agudos tan característicos de los Alpes, schwingen o lucha libre y la steinstossen o competición de arrojar piedras bien lejos.
Parece que los orígenes de este festival se remontan al siglo XIII en los mismo alrededores del castillo, entonces en operaciones, como un esfuerzo de aliviar las tensiones entre la ciudad y los habitantes rurales así también como entre el gobierno y los ciudadanos.

Hace un tiempos os hablamos sobre Johana Spyri, la autora suiza de las tradicionales aventuras de Heidi, una niña que está en la infancia de prácticamente todo el mundo. Está mujer nació en 1827 y pasó gran parte de su vida en su aldea de montaña viviendo en el medio de la naturaleza y solo abandonó este sitio cuando se casó y se instaló definitivamente en Zurich con su esposo, el editor de un periódico.
Johanna sufría de depresión y la guerra francoprusiona de 1870 la obligó a entretener a su unico hijo y alejarlo, mediante cuentos, de la horrible realidad de la guerra. Así nació su veta literaria y a partir de entonces escribió alrededor de 50 libros aunque claro, su historia más famosa fue y seguirá siendo Heidi, la niña de los Alpes.
Bueno, el caso es que si estáis por aquí y siempre os ha gustado esta historia y tenéis en la cabeza la pegadiza melodía de la serie de televisión japonesa que la inmortalizó, ese “abuelito, dime tu…”, entonces no os perdáis la posibilidad de visitar su museo.

Por su ubicación geográfica, la cocina suiza se ve influenciada por elementos alemanes, italianos y franceses, que, unidos a la tradición local hacen que esta sea un estilo único en el mundo, destacándose por la gran calidad de sus productos.
Ahora bien, los dos elementos básicos de la cocina suiza son la carne y el queso, que se encuentran en la mayor parte de las comidas y mesas del país. Los principales quesos que se producen en Suiza son el Emmental, el Gruyére, el Vacherin y el Appenzeller. Con ellos se prepara la famosa Raclette, una pasta como un fondue suizo, hecho a base de leche cruda presentándose en una gran rueda de 6 Kg. Vale la pena mencionar que este queso es típico de la zona de Valais, ubicada al suroeste del país.
Otro de los platos famosos de Suiza es el fondue, sin duda el más típico y más reconocido del país. Consiste en un recipiente, denominado caquelone, donde se coloca algún producto derretido (chocolate, o en este caso, queso) en el cual se introducen pedazos de pan o carne con la ayuda de tridentes para su degustación.

Suiza es un país que está tachonado de iglesias, monasterios y conventos. En las ciudades y en la campiña el terreno montañoso aparece tachonado de capillas que tienen siglos de vida y que, por suerte, no han sido tocadas por las bombas de la Segunda Guerra Mundial como sí les sucedió a los templos de otros países europeos.
Bien, que en el cantón de Vaud nos encontramos con este edificio del siglo XII: la Abadía de Bonnmont, una abadía de la orden cisterciense de arquitectura simple pero clavada en un escenario hermoso que le proyecta su belleza.
La Abadía de Bonmont fue fundada en 1098 por Robert de Molesne y es de hecho una de las abadías cistercienses mas antiguas. Sus enseñanzas se basaron siempre en San Berard de Clairvaux y oficialmente se unió a la orden en 1131. Hacia el año 1536 el gobierno protestante secularizó la abadía y demolió gran parte de sus edificios así que durante algún tiempo la abadía sirvió de granero, panadería y para demás actividades poco religiosas.

Uno de los monumentos mas famoso de Suiza está situado en la ciudad de Ginebra, para variar. Lo cierto es que está ciudad tan internacional reúne muchas de las principales atracciones del país y ésta en particular se eleva en el Parque de los Bastiones, un sitio de paseo bastante frecuente.
En realidad su nombre verdadero es Monumento Internacional de la Reforma y se trata de un muro de varios metros de largo, alrededor de 100, que está adosado a una de las viejas murallas construidas en el siglo XVI para defender la ciudad y que la rodearon hasta mediados del siglo XIX cuando el centro urbano fue reformado.
El monumento se inauguró a comienzos del siglo XX, 1909, cuando se cumplieron 400 años del nacimiento de Juan Calvino y los 350 años de la Academia de Ginebra, hoy devenida en universidad.

Zurich es una ciudad encantadora donde uno puede toparse en todo momento con algún monumento para fotografiar. Todo llama la atención porgue muchos de sus edificios, fuentes, plazas y teatros son sencillamente hermosos.
Es el caso del Teatro de la Ópera o Das Opernhaus Zürich, inaugurado en el año 1891. Este teatro se construyó suplantando a uno anterior, el Teatro Aktientheater (el primer teatro permanente de la ciudad), que había sido destruido en un incendio y aunque su nombre original fue Stadtheater y fue concebido como un teatro para obras recitadas y/o cantadas, con el tiempo se especializó en ópera, ballet y operetas abandonando el teatro más clásico a partir de 1926.
Fue construido por el estudio vienés Fellhner & Helmer y se mantuvo en buen estado durante todo el siglo XX pero en la década de los ‘80 se cerró para cumplir con trabajos de restauración y renovación. Volvió a abrir sus puertas en 1984.
La puerta de entrada a la región central de Suiza es la hermosa ciudad de Lucerna situada en las orillas del Lago de los Cuatro Cantones. Con su puente medieval techado, la muralla Museggmauer y su variedad de casas históricas adornadas con frescos, sus mercados y callejuelas cerradas a los coches es un sitio maravilloso.
Tiene muchas atracciones turísticas entre quienes optan por la estancia en un hotel en Lucerna para sus semanas libres si contamos edificios, plazas e iglesias de siglos pasados. Pero uno de los símbolos es el León Moribundo, una enorme estatua que no solo es símbolo de la ciudad, sino también uno de los monumentos mas famosos de todo el país.
El León Moribundo de Lucerna está labrado sobre la pared de un monte de roca que está en la misma ciudad. Es una obra de arte salida del cincel del escultor danés Bertel Thorvaldsen quien la talló en 1821. Es un monumento que recuerda a los 700 mercenarios suizos que murieron en el Palacio de las Tullerías de París en 1792 por defender al rey Luis XVI, a su esposa María Antonieta y a sus hijos de la Revolución Francesa.

Si has estudiado historia en algún momento te has topado con el “Contrato Social” de Jean Jaques Rousseau. Es inevitable y sorprendente como este concepto ha sobrevivo el paso del tiempo y ha hecho a su pensador, inmortal.
Rousseau nació en el siglo XVIII, en 1712, en la ciudad suiza de Ginebra cuna además del Calvinismo. Se fue de allí en 1728 y como amante de la baronesa de Warens pudo estudiar y estudiar intensamente. Viajó a París donde pretendía convertirse en alguien famoso con un sistema de notación musical que había ideado pero no tuvo suerte. Después se desempeñó como secretario del embajador francés en Venecia, regresó a París y se casó con una sirviente inculta con la que tuvo 5 hijos.
Aquí, estando de nuevo en la Ciudad Luz, trabó amistad con un grupo de gente ilustrada y eso le permitió ganar la fama que ansiaba en el mundo letrado al ganar un concurso organizado por la Academia de Dijon. En 1754 regresa a Ginebra y hace los trámites para volver a ocupar su lugar de ciudadano y es ahí donde escribe su famoso Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres en 1755.