Los encantos de Berna y el río Aar

Berna y el Aar

La ciudad de Berna está ubicada sobre un terreno conocido como la Meseta, un lugar de colinas suaves que apenas si tiene accidentes geográficos, ubicado entre el macizo del Jura y los Alpes. Fue fundada en 1191 por el duque Bertoldo V, duque de Zähringen, quien construyó las primeras casas de madera y alimentó a sus primeros colonos con su primera pieza de caza: un oso o bähr en alemán, y dice la leyenda que de aquí deriva el animal símbolo de la ciudad.

Cuando uno goza de al menos unos días en Berna y se acerca a cruzar el puente Nydeggbrücke sobre el río Aar se da cuenta de que la construcción fue estratégica, pues la ciudad está en un sitio elevado con forma de triángulo delimitado en uno de los lados por el Aar que hace las veces de muralla y foso en dos de los lados de este triángulo. Conclusión: Berna era fácilmente defendible.

Las antiguas casas de madera desaparecieron en el feroz incendio de 1405, pero renacieron en piedra después de que la población reconstruyera el pueblo con mucho esfuerzo y determinación. Estas casas hoy forman un pintoresco casco histórico que prácticamente no ha cambiado nada en seis siglos: calles adoquinadas, casas de piedras de arenisca, torres, fuentes, largas recovas, la torre de Zytglogge, la vieja catedral de Münster y el puente Untertorbrücke.

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En torno a esta torre está organizado el casco antiguo, el emblema de Berna, que construida a las puertas del viejo pueblo quedó después entre las casas y edificios. Por la zona del puente construido en 1468 y uno de los mas viejos del país, nos encontramos con la ex zona de artesanos que hoy se ha convertido en el centro de empresas de tecnología, el Matte, y caminando por la vera del río entramos en la zona de Marzili donde antiguas fábricas fueron convertidas en galerías de arte y disquerías.

Por último, una opción imperdible es nadar en el Aar e imitar así a los orgullosos berneses. El Aar es el mayor río suizo y atraviesa muchas ciudades del país en sus 291 kilómetros de largo. La gente se pone el traje de baño en un vestuario, remonta el río, salta al agua y se deja llevar por la corriente. Si nunca habéis nadado en el medio de una ciudad, la experiencia es maravillosa.

Y nada de irse sin darle un vistazo a los osos, símbolos de Berna: están en unas fosas medievales del otro lado del río.

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