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Romanche, lengua propia de suiza

El Romanche, o rumantsch, es una lengua derivada del latín y que une a más de 20 dialectos. Vale la pena mencionar que esta lengua se utiliza hasta hoy en día en Suiza. De hecho es la cuarta lengua oficial del país tras el alemán, francés e italiano. Actualmente el lugar donde más se emplea es el cantón de Grisones, el más grande del país, ubicado al este.

Para reforzar el uso de la lengua se fundó en 1919 la «Lia Rumantscha» (Liga Romanche) y en 1938 Suiza reconoció el romanche como lengua nacional al mismo nivel que el alemán, el francés y el italiano que ya gozaban del estatuto de «lenguas oficiales». Este reconocimiento nacional ayudará a los romanches a tomar conciencia de su identidad y participación cultural en la Suiza moderna.

Es una lengua que en la actualidad está en desuso, ya casi desconocida. Tan solo es empleada por el 0,5% de la población actual de Suiza, por lo cual la lucha por su supervivencia es constante, más aún en un mundo globalizado como el actual. De los casi 8 millones de habitantes que cuenta Suiza actualmente, tan solo unos 60 mil siguen empleando el romanche con asiduidad. Pese a ser la cuarta lengua oficial del país, su uso ha sido desplazado por otros idiomas como el croata, el albanés, el turco, el español y el portugués.

Recién fue en 1982 cuando el romanche se estandarizó como lengua, con sus reglas gramaticales establecidas ya formalmente, para poder fortalecer el uso de este idioma. Sin embargo, esta estandarización del romanche ha sido rechazada por la mayor parte de la gente que aún lo emplea, aferrados a sus costumbres.

El esfuerzo más prolífico para que se siga empleando se da en las escuelas de Grisones, en muchas de las cuales se imparten clases en alemán y romanche, para que las nuevas generaciones no pierdan el uso de su idioma.

Una de las escuelas es la que se ubica en la comuna suiza de Samedan. Se trata de una escuela pública bilingüe donde sus clases se dan mitad alemán y mitad romanche que es el que se sigue hablando en esa zona. Los profesores saben que es un esfuerzo complicado y que, probablemente, pese a dictar las clases en romanche, el idioma desaparezca paulatinamente, pero no cesan de esforzarse por conservar una lengua que es parte de la tradición nacional.